domingo, 12 de agosto de 2012

Carta: 3.Trátame con amabilidad y cordialidad, igual que a tus amigos. Que seamos familia no significa que no podamos ser amigos.


Cuando publiqué inicialmente la carta ya hubo quien me señaló que no pretenden ser amigos de sus hijos.
Creo que en esta carta no se habla de ser amigos en el sentido de iguales, de colegas, sino de ver a nuestros hijos con el mismo respeto que se merecen nuestros amigos.
Respeto para poder escuchar sus demandas (a veces más justificadas de lo que en principio pensamos), respeto para entender que ellos tienen otras ideas, respeto para ver que ellos igual tienen otras necesidades…

No se trata de darles todo lo que nos pidan, ni ceder siempre… simplemente ver un poco las cosas desde su punto de vista, nos haría entenderles mejor y nos debería ayudar a explicar nuestras razones, nuestras decisiones y que ellos también comprendan por qué actuamos de una determinada manera.
Cuando tenemos un conflicto, deberíamos ponernos en el lugar de nuestros hijos (siempre que pudiéramos, claro), contamos además con una ventaja importante:  somos adultos, más experimentados y, por tanto, deberíamos poder analizar las cosas con una calma y una perspectiva que nuestros niños no tienen.
Aprovechemos esta ventaja para acercar, explicar y conciliar posturas con nuestros niños; no para “ganar” las peleas… No se trata de que nuestros hijos vean que nos “salimos con la nuestra” por ser más grandes (abusones) sino porque sabemos más que ellos, razonando, explicándoles que a veces, hay que ceder, o esperar para conseguir lo que queremos y que incluso a veces simplemente no es posible conseguirlo.
Conclusión intentemos “convencer” a nuestros niños, en lugar de “vencer”, desde el respeto y la comprensión de sus necesidades y gustos.


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