jueves, 2 de febrero de 2012

Carta 1. No me des todo lo que pida...

Tenemos una tendencia a dar a los niños todas las cosas materiales que, económicamente, podemos. Parece que si nos piden algo y hay dinero, no debemos negárselo.

Muchas veces nos olvidamos de los aprendizajes que van detrás de nuestros actos, si les damos a los niños TODO lo que nos piden, si no tienen que esperar por nada, ni “ganarse” nada, es bastante probable que no den valor a lo que tienen. Podemos facilitar que crezcan caprichosos, impacientes,… estamos contribuyendo a la cultura de la satisfacción inmediata.
Lo más importante es HABLAR con nuestros hijos y ESCUCHARLES,  a veces al pedirnos cosas, juguetes,… ¿puede que nos estén pidiendo atención?
En vez de comprarle un nuevo coche, a sumar a los 4 o 5 que ya tiene, podemos jugar juntos a las carreras con los que ya hay en casa.
En lugar de comprar una nueva caja de pinturas, podemos hacer un dibujo o un mural con las que tenemos, aunque estén un poco pochas y gastadillas.
Deberíamos ayudarles a entender el VALOR de las cosas; que para poder comprarlas hay que ganar dinero, que requiere trabajo y esfuerzo; que no siempre se puede conseguir todo lo que queremos y que a veces no necesitamos todas las cosas que queremos.
Pensemos en nuestra propia experiencia, apreciamos mucho más las cosas que nos ha costado conseguir y cuántas veces lo que compramos en un impulso se queda olvidado en un rincón sin usar.
Para terminar, recordemos que nuestros hijos van a aprender mucho más del ejemplo que les damos que de lo que les decimos.

2 comentarios:

  1. Ojalá todo el mundo lo entendiera así; cuando cuidaba niños y me pedían cosas procuraba explicarles por que no lo hacia. Que si no eran necesarios, que si costaba esfuerzo ganar el dinero que costaban... Hasta que el padre de uno de ellos me puso de vuelta y medís, que lo que sus hijos pidieran el podía y quería darse lo, y si me preocupaba mi dinero me devolvería todo lo necesario, pero que sus hijos no tenían por que saber -sic- lo que costaban las cosas ya que el se encargaría de que no les faltase de nada. Como ves la frase se me quedo grabada. Y estamos hablando de un chaval de cierto entendimiento, ocho años o así, puesto que se lo repitió a sus padres perfectamente... Es verdad que en ello los padres deciden, pero en lo que a mi afectaba preferí decirles la verdad...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me temo que estamos tan inmersos en el consumismo, que primamos lo material ante todo y creo que es evidente que los niños más felices no son los que más cosas tienen.
      Además, en la reacción del padre que comentas (probablemente más habitual de lo que nos gustaría) hay una sobreprotección hacia sus hijos, haciéndolos dependientes y con muchas papeletas de no tolerar la frustración.
      Si tuviéramos en cuenta que nuestros hijos no van a ser niños eternamente, sino que estamos educando futuros adultos, problablemente prefeririámos que fuesen independientes, autónomos, responsables de sus actos, críticos y conocedores del mundo que les rodea.

      Eliminar